Asset Allocation Insights

PERSPECTIVAS DE INVERSION 2020

Miércoles, 01/08/2020

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Miércoles 08/01/2020 - 10:41
Índice
  • Introducción: La complejidad de una volatilidad inferior
  • Visión macroeconómica: El ciclo económico comprimido
  • Estructuración de carteras: Mantener las inversiones
  • Renta variable: Identificar la calidad y los dividendos
  • Renta fija: Oportunidades de carry
  • Mercados privados: Invertir en un entorno en fase avanzada
  • Alternativas líquidas: Tres temáticas para diversificar las rentabilidades

Introducción

La complejidad de una volatilidad inferior

No hay muchas cosas que me quiten el sueño, salvo mis nietos cuando se quedan a dormir en casa. Eso es porque no trabajo en un banco central. No hace tanto tiempo, lo que les quitaba el sueño a los responsables de política monetaria era la amenaza de una crisis monetaria o de una recesión. Ahora es la «japonización». La perspectiva de que Europa o Estados Unidos emulen a Japón en una concatenación de años de escaso crecimiento, deflación y tipos de interés bajos les provoca insomnio precisamente porque carecen de las herramientas para combatir esta situación con eficacia. 

Por ahora, Europa y Norteamérica han evitado lo peor de ese destino gracias a los recursos sin precedentes que los bancos centrales han inyectado en los mercados financieros. Sin embargo, una relajación monetaria prolongada tiene implicaciones para la productividad. Esta impulsa con crédito barato a unas empresas que, de otro modo, tendrían dificultades para sobrevivir e infla los precios de los activos. 

Como inversores, la amenaza de este nuevo paradigma tiene profundas implicaciones para todos nosotros. Modifica el coste de la liquidez y la naturaleza del riesgo. Y, a un nivel más profundo, cambia el destino de nuestras economías reales, puesto que frena la inversión en los activos reales subyacentes y pone a prueba la capacidad de los empresarios para construir y marcar la diferencia. 

Tras la experiencia de 2019, cuando los mercados lograron recuperarse de sus pérdidas de finales de 2018, las principales lecciones aprendidas deberían ser que todos los inversores han de adoptar una actitud reactiva y, ante todo, mantener sus inversiones. Según nuestras previsiones, la japonización implicará tener que adaptarse a ciclos económicos más cortos y menos extremos. También asistiremos a una mejora de la rentabilidad de la renta variable, a oportunidades en renta fija y en deuda corporativa de calidad y bonos subordinados. Además, seguimos trabajando en las oportunidades de los mercados privados y en una serie de temáticas alternativas líquidas. Mientras tratamos de anticipar los desafíos que los inversores tienen por delante, creemos que estas estrategias contribuirán a identificar las claves para lograr carteras rentables en 2020. 

Les deseo una buena lectura.

_Eric Syz

Visión macroeconómica

El ciclo económico comprimido

Todo el año 2019 ha girado en torno a una recesión que no terminaba de llegar. Asistimos a un cambio de postura por parte de la Reserva Federal que desencadenó el regreso de medidas acomodaticias en otros bancos centrales, también en los mercados emergentes. A medida que se acerca 2020, esta tendencia parece estar a punto de cambiar para dar paso a una dinámica de crecimiento más positiva. Creemos que estos acontecimientos reflejan un cambio más amplio y profundo con importantes consecuencias para todos los inversores. 

La «japonización» alude a la persistente situación económica de escaso crecimiento, inflación reducida y tipos de interés bajos que Japón ha soportado durante casi tres décadas. Actualmente esto describe bastante bien lo que sucede también en las economías occidentales. Aunque es útil a modo sintético, este término no transmite una consecuencia importante para los inversores. 

Hemos estado condicionados a esperar ciclos empresariales relativamente largos, alternando fuertes recuperaciones y marcadas caídas, describiendo así un gráfico en forma de «V» debido a la sucesión de auges económicos relativamente dilatados y caídas repentinas. En este contexto, a medida que las economías iban expandiéndose, los bancos centrales iban ajustando gradualmente las condiciones crediticias para evitar las presiones inflacionistas y, finalmente, nos sumieron en recesiones antes de que volviera a reanudarse el ciclo. La «japonización» marca una ruptura con este conocido modelo que se ha desarrollado durante varias décadas. 

Creemos que el nuevo modelo también implica ciclos empresariales más cortos y atenuados, de unos pocos trimestres o años como máximo. Ante el acortamiento y la menor magnitud de los ciclos, los inversores tendrán que adaptarse a señales más débiles o confusas por parte de los indicadores tradicionales. Pensemos en la última recesión manufacturera a la que hemos asistido en EE. UU., o en la breve inversión de la curva de tipos.

Además, a corto plazo, los tipos de interés pueden ser menos eficientes en la gestión de los altibajos. Los elevados volúmenes de endeudamiento que ya muestran particulares y empresas limitan inevitablemente su capacidad y su predisposición a ampliarlo, lo que hace que cada recorte sucesivo de tipos a manos de los bancos centrales resulte menos efectivo. 

En el plano positivo, las presiones inflacionistas continúan siendo mínimas, y los tipos de interés están bajos, pero estables. Creemos que los bancos centrales no se tornarán mucho más acomodaticios. Sin embargo, pueden mantener su posición actual, al menos, durante todo 2020, ya que continúan por debajo de sus objetivos de inflación. Esto implica un entorno duradero de tipos bajos y la necesidad para los inversores de ir más lejos en su búsqueda de rendimientos, así como un enfoque de inversión más táctico respecto de los miniciclos, que pueden medirse en meses en lugar de en años. 

CHART 1
Fuente
SYZ AM, Factset

En cuanto a los riesgos específicos de cara al próximo año, los mercados seguirán muy de cerca las relaciones entre Estados Unidos y China. Las tensiones se concentran principalmente en las intenciones políticas, perjudicadas por la política interna. Cualquier deterioro grave en esta relación mermaría el crecimiento estadounidense y posiblemente desencadenaría una nueva reacción de la Reserva Federal para evitar la apreciación del dólar. Dicho esto, en nuestra opinión, solo uno de los dos extremos (una recesión mundial o un repentino auge del crecimiento en EE. UU.) llevaría a la Reserva Federal a ajustar tipos de nuevo en 2020. Aunque no podemos descartar estos dramáticos acontecimientos, ninguna de estas hipótesis nos parece probable de cara al año que viene. 

Todo esto implica que la normalización de la política monetaria no llegará pronto, ni siquiera si el crecimiento mundial prospera. Probablemente, ni el Banco Central Europeo ni la Reserva Federal subirán tipos. Esto implica que los tipos monetarios reales continuarán en terreno negativo, también en dólares estadounidenses. Por tanto, de cara a 2020, es probable que el oro conserve cierto valor, si no por unas rentabilidades interesantes, al menos en calidad de elemento de diversificación en las carteras, sobre todo si asistimos a un mayor uso de la política fiscal. 

En cuanto a las divisas, podría ser más fácil comentar lo que no esperamos que ocurra: no hay motivos para esperar que el dólar se aprecie mucho más. Desde 2014 ha estado respaldado por un creciente diferencial de tipos con el resto del mundo, que ahora esperamos que se estabilice. Por tanto, aunque no hay razones para priorizar notablemente el euro o el franco suizo, pensamos que los inversores ya no deberían esperar seguir obteniendo ganancias en el dólar estadounidense. Esto también implica que los activos emergentes ya no se enfrentarán al obstáculo de un dólar fuerte en 2020. 

_Adrien Pichoud

Estructuración de carteras

Mantener las inversiones

Una conclusión que debemos extraer de 2019 es «mantener las inversiones pese a los vaivenes en la confianza del mercado». Si bien este año las rentabilidades de muchas clases de activos mostraron solidez en la teoría, desafortunadamente para muchos inversores, se quedaron allí, en la teoría. Por el contrario, nuestras carteras permanecieron invertidas todo el año y han arrojado buenos resultados. 

Como vivimos en un entorno «japonizado», en el que los tipos de interés son bajos o negativos, los inversores se sienten presionados a invertir su liquidez, con la posible excepción de las posiciones en dólares estadounidenses, en activos de mayor riesgo. Esto implica que posiblemente veamos a inversores con carteras insuficientes en busca de rentabilidades a medida que nos acercamos a 2020. 

En este tipo de entorno, sugerimos recurrir a los derivados como herramienta para amortiguar cualquier revés, sobre todo algún tropiezo en los mercados de renta variable. Estos derivados sirven de base para iniciar posiciones eficientes con vistas a homogeneizar la «trayectoria de rentabilidad» de las carteras.
 
Nuestro posicionamiento en renta variable puede resumirse, en términos generales, en una infraponderación en Europa y Japón, una posición neutra en mercados emergentes y una sobreponderación en Estados Unidos, donde el crecimiento de los beneficios empresariales mantiene su solidez. Creemos que los inversores en renta variable deberían centrarse en títulos de calidad y con escaso endeudamiento, y priorizando a los líderes del mercado con balances sólidos. Más allá de esta generalización, estamos convencidos de que las acciones de gran capitalización y de calidad continúan siendo interesantes en el actual entorno de última fase del ciclo. 

Además de la renta variable, un entorno de tipos más bajos durante más tiempo implica que nuestras carteras invierten en bonos con un enfoque selectivo y escalonado: en el extremo corto de la curva de tipos, creemos que la deuda corporativa de los mercados emergentes y el alto rendimiento (high yield) deberían arrojar rentabilidades razonables a los inversores tanto en euros como en dólares. Por supuesto, los bonos de alto rendimiento continúan siendo una interesante fuente de rentabilidad, ya que las tasas de impago no aumentarán bruscamente, dado que las condiciones macroeconómicas han dejado de deteriorarse. Para duraciones de entre cinco y diez años, priorizamos la deuda corporativa investment grade de Europa y Estados Unidos. Por último, en el extremo más largo de la curva, tiene sentido mantener deuda pública denominada en dólares estadounidenses y en euros con vencimientos de diez años en adelante para protegernos frente a un deterioro macroeconómico. 

Sigue habiendo numerosas incertidumbres. La guerra comercial entre EE. UU. y China, las elecciones estadounidenses de noviembre y la evolución de la política en torno al Brexit en el Reino Unido. Pero, en general, el consumo en los países más desarrollados continúa exhibiendo solidez. Mientras que esto siga así y los principales bancos centrales (la Reserva Federal estadounidense y el Banco Central Europeo) mantengan su compromiso con las políticas acomodaticias para ampliar el ciclo económico, los mercados deberían poder mirar más allá de cualquier episodio temporal de volatilidad. 

En este futuro previsible de tipos monetarios y de renta fija persistentemente negativos, la condición sine qua non más importante para unos resultados satisfactorios en 2020 será mantener las inversiones, al tiempo que conservamos algunas coberturas en cartera. 

_Luc Filip

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Rentabilidad compuesta equilibrada en USD
Fuente
SYZ Private Banking. Datos al 24 de noviembre de 2019.

Renta variable

Identificar la calidad y los dividendos

Tal y como hemos visto en el apartado anterior, esperamos que el entorno macroeconómico en la próxima década se caracterice por una inflación escasa, un crecimiento económico reducido y, por ende, unos tipos de interés muy bajos. Este escenario de «japonización» tendrá profundas consecuencias para la renta variable. Sin duda será un entorno con riesgos, pero si la historia nos sirve de guía, también debería traer consigo excelentes oportunidades.

En esta hipótesis, deberían prosperar especialmente dos estilos de inversión. El primero es el crecimiento de los valores “growth”, ya que las empresas capaces de crecer, independientemente del entorno económico, deberían experimentar un alza en sus PER debido a su escasez. El otro es la inversión en renta variable, no solo por su mayor rentabilidad por dividendo, sino también porque estas empresas tienden a remunerar mejor los riesgos en entornos de mercado difíciles.

La «japonización» no implica que los ciclos económicos vayan a desaparecer, sino que deberían ser más débiles que antes. Esta es precisamente nuestra hipótesis para 2020, un año en el que esperamos un pequeño repunte del crecimiento. Esto, a su vez, trae consigo una mejora de la rentabilidad en los sectores sensibles a la economía, tras años rezagados. Por tanto, parece razonable incluir cierta exposición cíclica oportunista en las carteras. Podríamos hacerlo, concretamente, a través de algunas empresas industriales y de consumo discrecional bien gestionadas, cuyas escasas valoraciones históricas ofrecen mucho margen de revalorización si la confianza económica mejora en 2020.

Sin embargo, el núcleo de todas las carteras debe seguir centrado en empresas de elevada calidad capaces de crecer independientemente del entorno macroeconómico. Tratamos de identificar títulos con poder de fijación de precios en sectores con elevadas barreras de entrada para reducir el riesgo de disrupción. Esto es sumamente importante porque la tecnología, la globalización y el fácil acceso al capital han aumentado drásticamente los retos a los que se enfrentan las empresas. Todos los sectores pueden verse afectados, desde la asistencia sanitaria hasta las marcas de consumo y los servicios financieros. Los inversores deben examinar sus carteras más que nunca para evitar pérdidas. 

Seguimos priorizando las empresas tecnológicas, puesto que están entre las grandes favorecidas por este panorama competitivo en constante transformación. Algunas de estas firmas son ganadoras estructurales y tenemos intención de mantener la inversión a largo plazo. Dichas empresas son generadores de interés compuesto naturales que deben mantenerse en el núcleo de la cartera de renta variable. Dado que se encuentran principalmente en EE. UU., también estamos sobreponderados en esa región.

Chart 3
Márgenes de explotación del sector de TI estadounidense frente al sector industrial del país … la prima está justificada
Fuente
SYZ, Bloomberg

También nos gustan las firmas que distribuyen dividendos, siempre y cuando no sacrifiquen su crecimiento e inversiones para distribuir rendimientos excesivos. Estas empresas tienden a ser más disciplinadas que las que no realizan repartos, lo que se traduce en mejores características de riesgo/remuneración a largo plazo. En un contexto de tipos ultrabajos, también ofrecen una valiosa fuente de ingresos.

Chart 4
Las acciones de reparto de dividendos están baratas…
Fuente
SYZ AM, BLOOMBERG, NED DAVIS. Datos a finales de octubre de 2019.

El año 2020 estará plagado de riesgos geopolíticos: elecciones en EE. UU., disturbios en Hong Kong e incertidumbre en torno al Brexit, entre muchos otros. Pero gracias a un entorno económico más favorable, a la reaceleración de los beneficios empresariales y a la postura acomodaticia de los bancos centrales, esperamos que los mercados de renta variable nos brinden otro año de rentabilidad positiva.

_ Roberto Magnatantini / Saïd Tazi

Renta fija

Oportunidades de carry

El inversor actual en renta fija, en comparación con hace tan solo una década, ha de aplicar un enfoque mucho más amplio para obtener rentabilidad. Los inversores deben buscar en más zonas geográficas y de manera más exhaustiva en la curva de tipos. La amenaza de la «japonización» y una cuarta parte de la clase de activos en terreno negativo han llevado a los inversores a mirar más allá de sus mercados nacionales en busca de rendimientos positivos y a reconsiderar los riesgos. 

En 2020, los inversores tendrán que centrarse en los rendimientos del carry y ajustar sus perspectivas a corto plazo, seleccionando emisiones que todavía ofrezcan rentabilidades relativas con menor volatilidad. Un enfoque más activo, identificando rentabilidades positivas de carry sin exponer las carteras a riesgos indebidos a través de títulos cuidadosamente seleccionados. Esto debería poder dotar a las carteras de menor volatilidad y unos ingresos relativamente sólidos. 

Contrariamente a lo que podría pensarse, la era de la renta fija no ha terminado. En un entorno de crecimiento positivo, creemos que tanto el alto rendimiento como los bonos emergentes en moneda fuerte pueden apuntalar la rentabilidad de una cartera. Existen buenas oportunidades de carry. Gracias a la combinación del crecimiento, el apoyo de los bancos centrales y la ausencia de expectativas de inflación, los responsables de política monetaria podrán mantener su rumbo actual.

Por supuesto, la búsqueda de rendimientos continuará siendo el principal catalizador de la asignación. Aunque 2019 arrojó sólidas rentabilidades, esto se debió principalmente a la caída de los tipos de interés, más que al ajuste de los diferenciales. Todavía percibimos valor y margen de compresión, ya que los diferenciales están a medio camino entre su valor razonable y un nivel ligeramente caro. 

La deuda corporativa investment grade ofrece oportunidades más allá de la parte de cinco a diez años de la curva de tipos, donde los diferenciales son más amplios. Esto se hace especialmente patente en la zona euro, donde el Banco Central Europeo sigue comprando activos. En estas circunstancias, parece ser una buena alternativa a la deuda pública. 

Los bonos subordinados, que aún no se han recuperado del varapalo recibido tras la crisis financiera, siguen considerándose una opción arriesgada. En nuestra opinión, esta percepción del riesgo es exagerada y sus valoraciones comenzarán a recortar distancia a medida que los inversores vuelvan a evaluar a sus emisores de calidad. 

En los mercados emergentes, la deuda pública brasileña en moneda fuerte ofrece un carry elevado y notables probabilidades de reformas políticas satisfactorias, que apuntalarían los precios de los bonos. También vemos oportunidades interesantes de carry en la deuda indonesia y rusa, donde los indicadores fundamentales del crédito mantienen buena orientación. Por último, la deuda sudafricana presenta unas valoraciones interesantes y un potencial de compresión de los diferenciales si las condiciones macroeconómicas mejoran.

Finalmente, en el plano de la deuda pública, priorizamos los bonos del Tesoro estadounidenses a sus homólogos europeos. Si no nos equivocamos en cuanto al crecimiento, los bonos del Tesoro de EE. UU. ofrecen un carry más interesante y mejor cobertura a diez años que los títulos de otros mercados desarrollados. La mayor incógnita para esta hipótesis sería una victoria de los demócratas en las elecciones presidenciales del próximo año en Estados Unidos, que, a juzgar por la fuerza de la campaña hasta el momento, podría elevar los salarios y generar más inflación: los bonos del Tesoro vinculados a índices proporcionarían a los inversores mejor cobertura ante un resultado político de este tipo. 

_Antonio Ruggeri / Fabrice Gorin

Chart 5
PANORAMA GENERAL DEL MERCADO GLOBAL DE RENTA FIJA
El rendimiento se expresa en la moneda de denominación del bono
Fuente
Syz AM, ICE Indices. Datos a finales de noviembre de 2019.

Mercados privados

Invertir en un entorno en fase avanzada

Estructurar una asignación a mercados privados en una cartera bien diversificada tiene varias ventajas en términos de diversificación y rentabilidad. Exige una disciplina de asignación a lo largo de los años para distribuir el riesgo acumulado y los flujos de efectivo. Creemos que también requiere flexibilidad de asignación táctica para capear un panorama de valoraciones en constante evolución. La adopción de una visión a largo plazo, la búsqueda de un proceso de inversión racional y el recurso a los mercados secundarios son consideraciones importantes.

En vista de sus positivas rentabilidades históricas, las estrategias de mercados privados han ocupado un lugar destacado en la lista de buenas noticias de los inversores. Sin embargo, tras un periodo sostenido de relajación a cargo de los bancos centrales y de tipos de interés bajos, la inflación de los precios de los activos está generando, como es natural, preocupaciones entre los inversores en materia de valoraciones. Creemos que es importante adoptar un enfoque activo a la asignación y ser muy selectivos en cuanto a oportunidades concretas, sobre todo en un entorno económico en fase avanzada. 

En esta coyuntura, no queremos depender del apalancamiento financiero o de expansiones en los múltiplos para generar rentabilidad. Por el contrario, posicionamos nuestra cartera de cara a la creación de valor operativo y nos centramos en casos de crecimiento estructural. La calidad del equipo directivo de una empresa es, y seguirá siendo, un criterio clave en nuestra toma de decisiones. 

Para alcanzar nuestros objetivos, buscamos constantemente la inversión de la mano de equipos de especialistas que hayan demostrado una sólida trayectoria en sus áreas de especialización. Su capacidad para capear la complejidad estructural y obtener ventajas en términos de información permite reducir los múltiplos de entrada. La capacidad para generar valor a largo plazo y posicionar un activo para una salida interesante complementa las fuentes de rentabilidad. Por estos motivos, percibimos mejor perfil de riesgo/remuneración de renta variable en el segmento de pequeñas y medianas empresas que se adquieren y reflotan, así como en situaciones de reestructuración sobre todo en Europa. 

Estas características suelen encontrarse con mayor frecuencia en oportunidades más discretas, donde la información es menos transparente, los procesos están menos intermediados y la competencia es más limitada. Tenemos la suerte de poder aprovechar oportunidades lucrativas que los profesionales tradicionales de la asignación de activos pasan por alto debido a su tamaño, complejidad o difícil acceso al mercado.

En una fase tardía del ciclo, gracias al impulso de unos niveles récord de apalancamiento y emisiones de deuda, también optamos por dotarnos de cierta protección frente a caídas y diversificación mediante la introducción de «situaciones especiales» y estrategias no correlacionadas en nuestra combinación de carteras. Buscamos, por ejemplo, oportunidades que consideramos más resistentes a un revés macroeconómico, como la financiación de litigios, las regalías o las estrategias de activos en dificultades. 

Una de las claves de la inversión en el mercado privado es no caer en la trampa de la inercia. Solo porque una estrategia haya funcionado anteriormente no significa que vaya a ser adecuada en la próxima década. Es demasiado fácil olvidar las lecciones aprendidas en un ciclo anterior, sobre todo en un entorno en el que creemos que la falta de liquidez generará volatilidad, puesto que los bancos ya no actúan como creadores de mercado.

Con numerosos activos a precios razonables, elevados niveles de endeudamiento, escasa liquidez y un creciente dominio de las estrategias de gestión pasiva, las condiciones de mercado no están exentas de riesgos. No obstante, también generan una oportunidad muy interesante para las estrategias que aplicamos. 

_Olivier Maurice

Chart 6
MÚLTIPLO MEDIANA DEL EBITDA/PRECIO DE COMPRA PARA LAS TRANSACCIONES GLOBALES DE ADQUISICIÓN, POR TAMAÑO DE LA OPERACIÓN
Fuente
PitchBook Data, Inc.

Alternativas líquidas

Tres temáticas para diversificar las rentabilidades

En la búsqueda de un equilibrio entre riesgo y remuneración en una cartera, las alternativas líquidas pueden desempeñar un papel destacado en la identificación del alfa (el excedente de rentabilidad respecto de un índice de referencia). El reto radica en el hecho de que la verdadera alfa solo existe cuando surgen ineficiencias de mercado. Cuando demasiados inversores se interesan por una estrategia, esas ineficiencias sencillamente vuelven a erosionarse hasta convertirse en beta. 

En esta búsqueda constante de alfa, creemos que hay tres temáticas que destacarán en los próximos doce meses. 

La primera es el arbitraje de bonos convertibles (o capturar el valor de la diferencia entre un bono convertible y su título subyacente). Las perspectivas de esta estrategia no han cambiado demasiado en el último año. Puede sacar partido de un entorno más volátil y, al mismo tiempo, mantener una posición en el mercado de renta variable. Esta estrategia también está respaldada por una favorable cartera de operaciones corporativas y una mejora de las emisiones nuevas en EE. UU. gracias a una nueva ley fiscal.

En segundo lugar, pensamos que hay posibilidades de identificar valor en Japón, quizás irónicamente en vista de nuestra convicción de que las economías desarrolladas del mundo se encuentran bajo la amenaza de la «japonización». Sin embargo, gracias a las recientes reformas aplicadas por el primer ministro, Shinzo Abe, el sector empresarial japonés está experimentando profundos cambios. Al penalizar el mantenimiento de liquidez por parte de las empresas, se anima a las compañías japonesas a realizar más actividades corporativas, como fusiones y recompras de acciones. Y está funcionando. La actividad se recupera, creando así oportunidades con más valor para los accionistas. 

Por último, nuestra tercera temática de inversión para el año que viene es el «machine learning». Se trata de una tecnología revolucionaria que está alterando profundamente nuestra experiencia del mundo a medida que los ordenadores van desarrollando sus propios algoritmos y creando nuevas aplicaciones para abordar problemas nuevos y existentes. Nos encontramos en una fase en la que las máquinas están dedicadas a la minería de datos para construir modelos y hacer descubrimientos en una serie de campos que son independientes de las hipótesis humanas. Esto ha creado una carrera en pro de los datos y, entre los inversores, una búsqueda de alfa en el mercado. Son tecnologías en las que se puede invertir, de la mano de gestores altamente especializados, que trabajan para optimizar las carteras y crear modelos de inversión y previsión. 

En nuestra opinión, todas estas temáticas se desarrollarán en 2020 y pueden incorporar fuentes de rentabilidad útiles y diversas a las carteras de los inversores. 

_Cédric Vuignier

Chart 7
Emisiones en el mercado estadounidense de bonos convertibles
Miles de millones de dólares
Fuente
BofA Merrill Lynch Global Research, ICE Data Indices, LLC. Datos a finales de octubre de 2019.